Razones para escribir este Blog

Días atrás, encontrándome en casa de una de mis hermanas mayores, mi sobrina menor, estudiante de psicología y temas básicos relacionados, me dijo: "Si hay algo que no entiendo es como pudiste ser peronista dada tu forma de pensar, que cosas fueron las que te motivaron para creer en un movimiento basado en el fascismo..."
"No teníamos nada que ver con el fascismo", conteste casi indignada.
Y le empece a contar..., ahí me di cuenta que la generación del 80, no tiene la menor idea del mundo en el que vivimos la del 50.
Hice este Blog para mis sobrinos e hijos, sus amigos, para que sepan que sentimos los jóvenes idealistas de mi generación, que en el mejor de los casos terminamos exiliados, los que tuvieron menos suerte están desaparecidos.
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viernes, 25 de junio de 2010

24 de Marzo de 1976 "PROCESO DE REORGANIZACION NACIONAL"

Miércoles 24 de Marzo de 1976, a las 11:30 hrs. Comando General del Ejército, Juran Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti, Jefes de la (primera) Junta Militar.


Como consecuencia del golpe de Estado, la dictadura militar, autodenominada "PROCESO DE REORGANIZACION NACIONAL", gobernó de facto la Argentina entre 1976 y 1983. 

"Debe quedar claro que los hechos acaecidos el 24 de Marzo de 1976 no materializan solamente la caída de un gobierno. Significan, por el contrario, el cierre definitivo de un ciclo histórico y la apertura de uno nuevo…" (21 hrs del martes 30 de Marzo, Jorge Rafael Videla, ya Presidente de los Argentinos)

La Junta llegó al poder con la justificación de terminar con "los enfrentamientos entre facciones armadas de izquierda y derecha del movimiento peronista, y la acción violenta de organizaciones de ejércitos revolucionarios del pueblo, llamados guerrilleros, como Montoneros, de tendencia peronista, y el ERP".
El gobierno de facto detuvo, interrogó, torturó y ejecutó clandestinamente a miles de ellos y a colaboradores, incluyendo a médicos y abogados que les ofrecieron apoyo profesional, así como a civiles y estableció centros clandestinos de detención para llevar a cabo estas tareas. Las personas detenidas en estos centros clandestinos eran denominados desaparecidos y gran cantidad de ellos fueron ejecutados y enterrados en fosas comunes o arrojados al mar desde aviones de las fuerzas armadas, en "vuelos nocturnos".

El Proceso estuvo encabezado por cuatro juntas militares sucesivas:

• 1976-1980: Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti.

• 1980-1981: Roberto Eduardo Viola, Armando Lambruschini, Omar Domingo Rubens Graffigna.

• 1981-1982: Leopoldo Fortunato Galtieri, Basilio Lami Dozo y Jorge Issac Anaya.

• 1982-1983: Cristino Nicolaides, Rubén Franco y Augusto Jorge Hughes.

La Junta Militar disolvió el Congreso Nacional, tomó las funciones legislativa, ejecutiva y judicial; estableció la pena de muerte a los condenados por actividades subversivas, la suspensión del Derecho de Huelga, suspensión de las libertades ciudadanas, la disolución de los Partidos Políticos, la anulación de la libertad de prensa y expresión, intervención de los sindicatos obreros y las Universidades, la legislación por decreto y el reemplazo de la Corte Suprema de Justicia. También intervino el gobierno de las provincias, territorios nacionales y organismos públicos a nivel nacional, provincial y municipal.

El número de "desaparecidos" se estima en 30.000. , entre 250 y 500 niños y niñas, adoptados ilegalmente, luego de que nacieran en los centros clandestinos de detención. Y hasta ahora se han encontrado 101 nietos.
Algunos de los centros clandestinos de detención más utilizados, que funcionaron durante la dictadura militar de 1976-1983 se encontraban en: la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y el Garaje Olimpo, entre los más conocidos en la ciudad de Bs. As. En la Provincia de Bs.As. El Campito (también conocido como Los Tordos), El Vesubio, La Perla. En la Provincia de Córdoba: Regimiento 9, La Polaca, Campo Hípico y en Corrientes: Santa Catalina.

Para quienes hemos vivido y crecido con esta música de fondo, para quienes hemos sido adolescentes en esta época, testigos de esta etapa tan penosa de nuestra historia, me gustaría acercarles y acercarme también, la idea de la Resiliencia, de la que hablamos hace poco en otro artículo. Esa capacidad que tiene una persona o un grupo, o una sociedad, de recuperarse frente a la adversidad, frente al horror, para seguir proyectando el futuro. Si no hubiéramos tenido la habilidad de "ajustarnos" a tan cruel realidad, muchos más de nosotros también seríamos desaparecidos. El horror con el que tuvimos que aprender a vivir en lo cotidiano, cada uno desde sus creencias, convencidos de estar en lo cierto, como de costumbre, la consternación, naturalizando el espanto para poder seguir respirando medianamente. Nuestra generación, la que hacía pintadas en las paredes de las Universidades, la que cantaba a escondidas las canciones del Che Guevara en las peñas, (que eran todo un riesgo), los que escondíamos los libros de filosofía, que entonábamos canciones de protesta, Victor Hara, Violeta Parra, el" flower power", los que teníamos que dejar el grupo de terapia de a uno, porque no se podía andar en grupo por las calles, los que decíamos: "Guarden todo que viene la cana", nosotros, los que no podíamos correr frente a un peligro para no exponernos a un riesgo mayor, que aprendimos a pegarnos a las paredes con las manos en alto y quedarnos quietos cuando adelante nuestro baleaban a un pibe, a quien nadie ayudaba, por supuesto; los que aprendimos a dormir siempre con la persiana baja, si el dormitorio daba a la calle, a revisar debajo de la cama, para no terminar como Lambruschini; a revisar el auto por abajo antes de encenderlo, que tomábamos todos los días un camino distinto, para que no nos emboscaran los militares (si eras de un partido político comprometido o militante revolucionario) o los revolucionarios, (si eras militar o partidario de la junta); los que fuimos al velorio de Perón, que vivimos Ezeiza, sobrevivimos a Lopez Rega, Isabelita, Bignone, Galtieri, los que lloramos cuando partían los camiones a Malvinas, con nuestros bebés de 18 años, que quedaron allá al reverendo cohete, los que crecimos con Sui Generis y Los Dinosaurios, somos unos verdaderos sobrevivientes.


El miércoles hay una marcha. Algunos necesitan ir, otros prefieren no ir, algunos tienen miedo, otros no ven la hora de que llegue el miércoles, y también están los que no tienen ni idea de qué pasó el 24 de Marzo…Pero así como la fuerza es interna, como dirían los Chinos, la marcha también puede ser interna. Cada uno de nosotros sabe cómo marcha. Cada uno conoce su compromiso social, político, humano. Cada uno tiene una historia con la que ha convivido. Ir un día a una marcha y no ser coherente con ello el resto del año, no tiene sentido. 



Nuestra generación viene marchando desde los setenta, una marcha revolucionaria casi artística. No somos la generación del cuarteto, de la cumbia villera, y lo digo con respeto, pero sin identificarme. Somos los primeros rockeros nacionales, los revolucionarios intelectuales, los que luchamos por la democracia, aunque descubrimos mas tarde, que tampoco era la mejor forma de gobierno. No nos identificamos con Julio Iglesias ni con Luis Miguel, pero vibramos con Génesis, Police, J Lennon, así como con Ghandi, la Madre Teresa de Calcuta, San Francisco de Asís, Martin Luther king, Nelson Mandela…

Y estoy segura que de esto, no queremos más. Ya lo vivimos, no por la tele, por un libro de historia, no, nosotros íbamos a la plaza y ahí estaba Perón! Y en el aeropuerto nos cruzábamos con Solano Lima, Rucci, el Brujo, y en la tele no estaba Tinelli, estaba Margaret Thatcher con esos ojos saltones que asustaban de ira, y los que morían por una pintada no eran NNs, eran nuestros amigos y familiares, Pedro, Juan, María…


El 24 de Marzo del 76 fue un día negro que duró hasta hoy, porque aún está vivo. No queremos más horror, desaparecidos, muertos, torturados, secuestrados, no importa de que "bando" sean. 


No queremos más de esto. ¿Cuándo se va a despertar de esta pesadilla de humanidad? Basta de violencia. Basta de armas. Basta de muerte. Basta. Basta. Por favor. No más. Nunca más. Nunca más.
NUNCA MÁS.


Liliana Marcela Pérez Villar

http://anamcaracentrosdeenergia.blogspot.com/

Paradojas y violencia: Documento sobre el Bicentenario


 
PARADOJAS Y VIOLENCIA: UNA MIRADA SOBRE EL BICENTENARIO
¿Por qué evocar 1810 motiva tantas reflexiones? Porque es una fecha inscripta en nuestro imaginario social con una fuerte carga simbólica que nos convoca a pensarnos como Nación.
Nación, entendida como construcción social e histórica que realizamos los pueblos. Nación concebida como un proyecto histórico colectivo que se ha ido configurando a lo largo de estos 200 años. Esto es lo que hoy cumple años y esto es lo que evocamos.
En este itinerario imaginario hacia el pasado se nos presentan algunas voces, algunas imágenes, que guardamos celosamente en nuestra memoria individual y colectiva. Y así 1810 nos actualiza el pensamiento del brillante jacobino de la Primera Junta, el Dr. Mariano Moreno, quien -inspirado en el filósofo político Juan Jacobo Rousseau- pretendió plasmar desde la nada, un régimen republicano y un orden social que materializara los ideales de libertad y de igualdad. Basta con releer los artículos de la célebre Gazeta de Buenos Aires, fundada el 7 de junio -no casualmente instituido como día del periodista- para comprobar que muchos de los ideales de MAYO siguen siendo hoy, promesas incumplidas.
La primera estación en este metafórico viaje es el Centenario. Nunca más cierto aquello que "el pasado vive en las disputas del presente y en las preguntas que desde éste le hacemos". Algunas voces destacan de 1910 aspectos sombríos, que, por supuesto, existieron. Sin embargo, conceptualizar ese momento histórico solamente como un hito de la exclusión de las grandes masas, es acentuar sólo una parte de aquella compleja realidad. Por eso, omitir los logros que tuvo nuestro país en ese Centenario es, cuanto menos,  parcial. Por cierto, es cuestionable el modelo económico adoptado que implicó la ejecución de una política represiva del Estado en relación con los pueblos originarios, con el objetivo de incorporar, "a sangre y fuego", enormes superficies a la producción agropecuaria y rentista. Se instala la violencia y el exterminio como forma única de fundar un modelo de paísnuestro primer genocidio como naciónSe generó una injusta distribución de la riqueza, la sociedad reflejaba un fuerte contraste entre un sector social, la oligarquía terrateniente, cuya riqueza y ostentación asombraba hasta los ilustres visitantes extranjeros, y los sectores obreros y populares que protagonizaron en la primera década del siglo XX, las primeras huelgas generales. En efecto, en aquellos años este nuevo "actor social" reclamaba su ciudadanía política y social frente a un régimen restrictivo que los excluía.
 Sin embargo y paradojalmente, desde el seno de esos grupos dirigentes se fue imponiendo una línea reformista que produjo hacia 1912, la ley electoral Sáenz Peña que marcaría el inicio de un largo proceso de democratizació n del régimen político. En el contexto histórico de la época, nuestro país comenzaba a experimentar los cambios que también caracterizaban a los países más desarrollados de entonces. Cabe recordar que la práctica de la nueva ley electoral posibilitó el acceso al gobierno de un nuevo partido político, la Unión Cívica Radical, en 1916.
En igual sentido, la sanción de la ley 1420 en 1884, durante la primera presidencia de Roca, que establecía la enseñanza obligatoria, gratuita y laica, permitió -como lo refleja el tercer censo nacional de 1914reducir significativamente el analfabetismo en la Argentina en 30 años. En efecto, mientras en 1869,  año del Primer Censo Nacional, había un 77,4% de analfabetos mayores de 14 años en todo el país y un 48% en la ciudad de Buenos Aires, en 1914 estos guarismos se habían reducido al 36% y al 21 % respectivamente, es decir, se habían reducido en más de un 50%.
Por otro lado, hacia el Centenario se destacan los avances logrados en materia de salud públicadesde aquel dramático año de 1871 cuando una epidemia de fiebre amarilla sesgó la vida de 14.000 personas en la ciudad de Buenos Aires. En esos 40 años, se construyó una infraestructura sanitaria que incluía desde aguas corrientes, cloacas y cementerios hasta maternidades, instituciones como la Liga Argentina contra la Tuberculosis (1901) y hospitales especializados en enfermedades infecciosas como el Tornú (1905). En el ámbito universitario, se renovaron los contenidos de la enseñanza de la medicina, y se inició la pediatría social en la Argentina de  la mano del Dr. Emilio Coni.
Otro aspecto que no puede omitirse es la transformació n que experimentó la ciudad de Buenos Aires. Sería imposible enumerar el asombroso programa de construcciones públicas y privadas llevadas a cabo. Espacios verdes que hoy disfrutamos como el Parque 3 de febrero creado por iniciativa de Sarmiento(1874) , el Jardín Zoológico y el  Botánico (1898) constituyen testimonios de aquella etapa histórica que culminó en el Centenario. La avenida de Mayo (1894) y joyas arquitectónicas, como el Palacio de aguas corrientes (1894), el Palacio del Congreso Nacional (1906), y el Teatro Colón (1908) nos hablan de una ciudad que aspiraba a convertirse en la París de América del Sud.
Finalmente esta mirada en torno a 1910 destaca el clima de esperanza y optimismo que prevalecía -a juzgar por la mayoría de las publicaciones de la época- hacia el futuro de la Argentina, al tiempo que silenciaba aquella matanza.
Desde 1930, se inició una matriz de inestabilidad institucional crónica, tornándose el régimen político progresivamente menos respetuoso de los derechos individuales que se consagraron en la Constitución de 1853 y de una concepción republicana del gobierno. No obstante, las transformaciones operadas entre el Centenario y 1955 parecían concretar un destino de una sociedad integrada, con un avance destacado en la democratizació n política y social. Por mencionar sólo algunos hitos: la Reforma Universitaria de 1918 y el acceso de la clase obrera y de los sectores populares a la ciudadanía social durante el primer peronismo. De esta forma, se consolidó el mayor grado de distribución igualitaria de la riqueza en la Argentina, como lo reconocen todos los historiadores. La paradoja argentina radica, sin embargo, en el hecho de que a medida que la estructura social se integraba y cohesionaba aún más (teniendo los niveles de distribución del ingreso más igualitarios de América Latina, tal vez solo equiparables al  del Uruguay), se inició un proceso donde el sistema político se tornó más inestable, la mayoría de los actores económicos y sociales (además del "factor militar") descreyeron, cada uno a su manera y de un modo diacrónico, de la capacidad de la democracia liberal, a través de elecciones limpias y competitivas y de partidos políticos institucionalizados , de administrar las demandas y tensiones sociales que son características de cualquier sociedad moderna.
Desde el golpe de 1955, se inició un paulatino deterioro en todos los planos de la realidad social, de la vida institucional, en un clima de creciente violencia política, de desnacionalizació n de la economía y deterioro de las condiciones laborales. Este cuadro se aceleró a partir de los 70 con la experiencia de la última y más sangrienta dictadura militar, con sus secuelas de muerte y destrucción del aparato productivo y del entramado social, efectivamente se trató de un nuevo genocidio. Reflexionar seriamente porque fue posible éste genocidio en la Argentina es materia pendiente de todos los argentinos. Luego Malvinas …..
De esta manera, llegamos a la segunda estación de nuestro viaje…hoy nuestro presente es preocupante. Llevamos más de un cuarto de siglo en democracia, lo cual debe ser contabilizado como un gran logro frente a las interrupciones institucionales sufridas desde 1930 hasta 1983. Cabe destacar también el avance importantísimo en el campo de los derechos humanos. Como argentinos debemos enorgullecernos del Juicio a las Juntas,  sin precedentes internacionales.
Sin embargo, el funcionamiento de nuestro régimen político denota importantes fallas como observamos a diario, aquejado por una corrupción estructural que corroe a las instituciones y que vacía de contenido a la propia de democracia.
De haber sido hacia 1950 -durante "el primer peronismo"- la sociedad con mayor grado de integración social de América Latina, hoy tenemos un Estado desmantelado en sus recursos energéticos…-recordem os que los primeros piquetes en las rutas comenzaron en Plaza Huincul y en Tartagal, producto de la privatización de Y.P.F- y desmantelado en sus servicios y transporte…basta con recorrer el interior de nuestro país para ver el ocaso de pequeños pueblos condenados al aislamiento por el cierre de los ferrocarriles.
Hoy tenemos una sociedad profundamente fragmentada con fuertes índices de marginalidad, de pobreza extrema, con un sistema educativo que dejó de ser un instrumento de integración social, con un sistema de salud, servicios sanitarios y de transporte absolutamente deteriorados… y, para completar este panorama, la difusión de la droga en todos los estratos sociales que incrementa tanto la exclusión como la inseguridad, que hoy aqueja a millones de argentinos, y la aparición de nuevas formas de violencia para las cuales no tenemos respuesta.
  Es necesario que seamos cada vez más conscientes de nuestra realidad, no para abonar el nihilismo y el escepticismo sino para planteárnosla como un  DESAFÍO para transformarla. Y esa transformació n debe surgir desde el seno de la sociedad. Sin un esfuerzo y compromiso colectivo de todos y cada uno de nosotros no lo lograremos. No basta con criticar a nuestra clase política, mirémonos para corregir valores y prácticas ciudadanas, comenzando por revalorizar la cultura del trabajo, del estudio y el valor de la HONESTIDAD, de la VERDAD y de la JUSTICIA en nuestra vida pública y privada.
En el marco de la actual crisis económica internacional, es imprescindible construir un proyecto de país que conjugue tanto el desarrollo económico, el respeto por los derechos, libertades y garantías individuales, con una decidida política de redistribució n del ingreso y fortalecimiento de la red de protección social del Estado que integre nuevamente a todos los excluidos del sistema. Que contribuya a la creación de un nuevo orden internacional, una "nueva globalización" , sin hambre, sin excluidos, con justicia, con fraternidad y libertad, para transitar el camino de la construcción de una cultura de paz en el mundo…hacia el Tricentenario.

MOVIMIENTO POR LA PAZ Y LA NO VIOLENCIA / DE MUJERES, JOVENES Y HOMBRES

NUNCA MÁS: UN PRÓLOGO EN DEBATE

[http://www.madresfundadoras.org.ar/pagina/nuncamsunprlogoendebate/58]
Publicado el 04/06/2006
Nuevas miradas sobre el Prólogo del Informe de la CONADEP

Es habitual que, con motivo de la reedición de un libro, un nuevo prólogo se agregue al anterior. Se ofrece, así, una nueva mirada a los lectores, que coincide o debate con la antigua y es otro aspecto más, junto con las nuevas y enriquecedoras lecturas que todo texto importante ofrece a lo largo de los años.

La redacción de un nuevo prólogo para el Nunca Más, informe publicado en primera edición en 1984 por la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (creada por decreto por el presidente Alfonsín apenas acabada la dictadura), "no hace necesaria, me parece, una polémica", indica nuestra compañera Marta Vásquez. Y prosigue: "Las Madres siempre hemos reconocido el enorme esfuerzo y el valor del trabajo que hizo la CONADEP. Recuerdo que, en un primer momento, los organismos de derechos humanos pedimos al presidente Alfonsín se nombrara una comisión legislativa bicameral para elaborar el informe y entregarlo a la justicia. Rechazamos, por tanto, la forma en que se creó la comisión. Sin embargo, la CONADEP trabajó muy bien, y pudimos aceptarlo. Nos defraudó la teoría que se expresa en parte del Prólogo, pero reconocemos la importancia que ha tenido este informe.

"El terrorismo de Estado está reconocido a nivel internacional como un crimen contra la humanidad, imprescriptible. El terrorismo particular, cometido por personas que no son agentes del Estado, es un delito común, sancionable por las leyes nacionales vigentes. No hubo dos demonios; hubo un Estado que utilizó el enorme poder que le confiere la ciudadanía para secuestrar, torturar, asesinar, secuestrar niños y robar su identidad, detener a personas arbitrariamente. Todo otro delito común -de entidad incomparablemente menor- contaba para ser sancionado con las leyes de nuestro país, ignoradas absolutamente por el gobierno de facto.

"En nuestro país han pasado muchas cosas en estos 22 años. Está bien que haya una nueva edición del Nunca Más y se agregue un nuevo prólogo. La sociedad ha avanzado unas veces y retrocedido otras veces en este tiempo en cuanto a la práctica de los derechos humanos; pero la conciencia de la necesidad de defenderlos ha avanzado sin duda. Hace poco se ha presentado el libro ´Memoria, Verdad y Justicia. A los 30 años por los 30 mil´, y cuenta con dos prólogos, uno de nosotras las Madres, otro de la co-editora Conabip.

"Rendimos nuestro homenaje a tantos compañeros y amigos que formaron parte de la CONADEP y ya no están: el obispo Carlos Gattinoni, el pastor Marshall Meyer, el ex rector y juez Raúl Aragón y el obispo Jaime De Nevares entre otros. Muchísimas familias acudieron a ellos y a sus compañeros cargados de angustia, y pudieron salir del encuentro con la CONADEP con un atisbo de esperanza".---

Difundimos a continuación la siguiente y conjunta
SOLICITADA

Apenas seis líneas de la Introducción de la edición del Nunca Más con motivo del 30 aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 han bastado para que políticos y periodistas que adhieren a la "teoría de los dos demonios" hayan hecho oír sus voces escandalizadas.

Los organismos de derechos humanos nunca estuvimos de acuerdo con el prólogo original del Nunca Más, aunque coincidimos en la contundencia con que los hechos descritos en sus páginas daban cuenta de los horrores cometidos por el terrorismo de Estado.

Pero la encendida defensa en estos momentos de la teoría de los dos terrorismos volcada en ese Prólogo, nos lleva a declarar nuestra adhesión a los conceptos en que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación deja claramente establecido que "es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de violencias contrapuestas como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables.

Asimismo compartimos los conceptos deque la finalidad del terrorismo de Estado fue imponer un sistema económico neoliberal para lo cual era imprescindible ahogar en sangre toda disidencia.

Esta breve pero contundente introducción era necesaria y manifestamos nuestro apoyo a la Secretaría de Derechos Humanos por haberla redactado.

Abuelas de Plaza de Mayo
Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas
Madres de Plaza de Mayo -Línea Fundadora


Buenos Aires, 1 de junio de 2006

lunes, 10 de mayo de 2010

2010: Curas villeros: predicadores de la Teología del Pueblo

Iglesia y política
Se consideran hijos del movimiento de sacerdotes tercermundistas que lideraba Carlos Mugica, asesinado por la Triple A. Hoy, a 36 años de esa muerte, sienten que su compromiso con los pobres no exige definiciones políticas. ¿Quiénes son y cómo piensan los integrantes del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia? Su relación con Bergoglio y las tensiones con Macri 
Por Laura Di Marco
Curas villeros: predicadores de la Teología del Pueblo
Foto: LOPEZ SEBASTIAN

¿Usted es de izquierda, padre? -le preguntó una señora de clase media, sin ironía, al padre Gustavo Carrara, párroco de la villa del Bajo Flores.

-No, señora ¿por qué me lo dice?

-No, digo... Como siempre está con los chicos de la calle...

-Yo no sigo a Marx, señora, sino al Evangelio, y a la figura de Jesús: así se corporiza mi opción por los pobres. Mi compromiso con la pobreza es desde la religión, no desde la política. Pero le voy a decir algo: San Juan Crisóstomo, que vivió en el siglo III, tiene unos textos tan audaces que Marx era un poroto a su lado.

El padre Carrara, de 36 años, es uno de los veintidós curas villeros de la Capital, un equipo que fue alimentando el cardenal Jorge Bergoglio, desde su designación, en 1998.

* * *
El trabajo de estos sacerdotes que eligieron vivir muy lejos del paraíso no llamó demasiado la atención ni despertó la curiosidad mediática hasta el año pasado, cuando los narcos afincados en las villas amenazaron de muerte al padre José Di Paola, el padre "Pepe", para todos, mientras andaba en bicicleta solo por esa tierra de nadie donde no entran los taxis ni tampoco, a veces, la Policía. Sucedió hace un año, cuando el párroco de Caacupé y actual coordinador del Equipo denunció, junto con los sacerdotes que lidera, que en los barrios pobres, más allá de las leyes, la despenalización de la droga era un hecho.

"Dejate de joder o vas a ser boleta", lo interceptó uno de esos narcos, a los que Bergoglio bautizó "mercaderes de las tinieblas". Pepe tardó en procesar la amenaza. El obispo, al revés: la tomó muy en serio. Tanto, que la llevó enseguida a los medios. Fue entonces cuando la Argentina conoció la silenciosa tarea de Pepe y los curas villeros, y su compromiso con la recuperación de los chicos adictos al paco.

Desafíos de otra época


Hace 36 años -se cumplen este martes 11 de mayo-, el padre Carlos Mugica, el hombre de quienes estos curas se consideran herederos espirituales, tuvo menos suerte: cercano a la militancia social de Montoneros, sucumbió a la lógica violenta de la época tras una emboscada de la triple A. Precisamente, los curas del Padre Pepe le rendirán su homenaje el próximo domingo con una misa en la parroquia Cristo Obrero, fundada por Mugica, y una conferencia de prensa previa en la que el Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia hará público un nuevo documento, el tercero del grupo, con eje en el Bicentenario.

Se consideran hijos del Movimiento de sacerdotes tercermundistas, aquellos que, en los setenta, lideraba Mugica. Entre ellos estaba Daniel de la Sierra, un cura que, para impedir que los militares erradicaran los asentamientos, se tiraba delante de las topadoras del Proceso y hoy está enterrado bajo el altar de la parroquia de la Villa 31.

Es que, en aquella época hiperpolitizada, algunos sacerdotes para el Tercer Mundo entendieron que la forma de luchar contra la pobreza y la exclusión en América latina era abrazar el compromiso político que, para muchos de ellos, pasaba en los setenta por la izquierda peronista.

"Aquellos sacerdotes eran peronistas porque el pueblo lo era", contextualiza hoy el padre Gustavo Carrara.

Claro que las cosas son ahora muy diferentes. "Es otra época y los desafíos son acordes a este momento: hoy lidiamos con la violencia del delito y de la droga, y no con la de la política. Son desafíos nuevos, pero el espíritu es el mismo", define Pepe.

En el primer piso de la parroquia de Caacupé, cinco curas de los asentamientos porteños más populosos de la Capital están reunidos para la nota con Enfoques.

Son las diez de la mañana en la Villa de Barracas y, sentados en ronda, se ceban mate entre ellos. Alrededor de la mesa parroquial, además de Pepe, el líder del Equipo, están Martín De Chiara, de 34 años, párroco de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo; Martín Carrozza, de la 31, la Villa de Retiro; Gustavo Carrara, de la 1-11-14, y el padre Juan Isasmendi, que trabaja junto a Pepe, el párroco de Caacupé.

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Ellos son los referentes religiosos de las villas más populosas. En su mayoría fueron criados en la clase media, y algunos en la clase media alta, como el padre Mugica. Tienen entre 30 y 40 años, con la excepción de Padre Pepe que, con 47, es el más veterano del grupo, y también el más mediático.

Si bien este equipo existe desde hace más de 40 años -fue creado por el cardenal Juan Carlos Aramburu, en 1969-, lo cierto es que fue el actual obispo porteño, según coinciden los sacerdotes de las villas, quien decidió destinar más curas a los asentamientos, más recursos, y levantar más parroquias. Así, el equipo pasó de tener ocho sacerdotes, a fines de los noventa, a veintidós, para la asistencia de las 180 mil personas que, se calcula, viven en los asentamientos de la Capital.

Fue el cardenal en persona quien visitó al sacerdote de Barracas la mañana que le siguió a la amenaza. Bergoglio llegó caminando solo, por las calles de tierra de la barriada, ante la mirada sorprendida de Pepe:

-Pero... ¿qué hace acá? -le preguntó preocupado.

-Vine a saludarte -le respondió el Obispo.

El cardenal es un gran enamorado de esa religiosidad popular, dicen los curas, y cuentan que es bastante común que, durante las peregrinaciones juveniles a Luján, sea Bergoglio el confesor que se instala, sin que los jóvenes peregrinos lo sepan, en la basílica.

Tampoco es raro, dicen, que llegue de improviso a un comedor popular o a la fiesta de una Virgen en alguna de las barriadas donde trabaja el equipo.

La cercanía y el compromiso de Bergoglio con este grupo que trabaja en las villas despertó no pocas especulaciones en su momento, cuando no alguna sorpresa. Considerado habitualmente como un hombre de pensamiento político de centro, cuando no de derecha, filoso crítico del Gobierno, Bergoglio no parecía coincidir con el espíritu de este equipo que se siente heredero espiritual del padre Mugica, ícono de la militancia setentista. En un libro publicado hace pocos días, El Jesuita (Vergara), de Francesca Ambrogetti y Sergio Rubin, el mismo cardenal respondió a quienes le cuestionan su papel durante esos difíciles años 70, habló de los sacerdotes jesuitas desaparecidos que trabajaban en la Villa del Bajo Flores y dijo: "Hice lo que pude con la edad y la poca influencia que tenía".

Por aquellos años, hubo algunos sacerdotes tercermundistas que adscribían a la Teología de la Liberación, una corriente de la Iglesia, cuyos principales referentes fueron el peruano Gustavo Gutiérrez y el brasileño Leonardo Boff, que utilizaba categorías marxistas para analizar a la sociedad. Sin embargo, los sacerdotes villeros de la actualidad suscriben hoy a otra corriente que denominan la Teología del Pueblo.

¿De qué se trata y en qué se diferencian una y otra filosofía?

Lo explican: la Teología del Pueblo se basa en la sabiduría popular, no en categorías o diagnósticos que se imponen desde arriba. Se la puede pensar, dicen los sacerdotes, como una hermenéutica del pueblo pobre, escaso de riqueza pero no de saber.

Las ideas se alimentan, bajo este paradigma, de la vida, indica Carrara: "Aquí no existe izquierda o derecha, existe querer tener agua, luz, vivir mejor". Para estos curas, "la ilustración" -es decir, la academia o los intelectuales- viene con conceptos amasados previamente que a menudo no encuentran conexión con la realidad de la pobreza.

La Teología del Pueblo tiene sus propios referentes locales: Lucio Gera y Rafael Tello fueron dos de ellos. Tello creó, en los setenta, la peregrinación juvenil a Luján, que actualmente está compuesta por un 80 por ciento de jóvenes pobres.

La caminata a Luján es un claro ejemplo de lo que el cardenal jesuita entiende como religiosidad popular porque fue una idea que le sugirió una señora de la Villa del Bajo Flores al padre Tello, en su época.
"Creen que van a hacer la revolución caminando a Luján", fustigaban, en los setenta, los militantes de la izquierda, que no se resignaban a la imposibilidad de sumar de lleno a su causa a aquellos curas que simpatizaban con los pobres. Una parte de la clase media también los atacaba: los veía como guerrilleros con sotana.

"Eran tiempos de incomprensión -reflexiona Pepe-, pero hoy, corrida la ideología, todo está más claro."

"Nosotros no tenemos que meternos en los vaivenes de la política porque los políticos exigen una fidelidad ciega que, muchas veces, olvida a las personas concretas. Y nosotros estamos junto a las personas concretas", explica De Chiara.

De hecho, la Iglesia impide a sus sacerdotes participar de la política partidaria. La política partidaria parte, dice el padre Guillermo Marcó, que fue durante años vocero de Bergoglio. Pero eso no impide que los sacerdotes sí puedan fijar su posición en cuestiones de política pública -la política entendida en un sentido amplio-, como de hecho lo hacen.

Mugica, por ejemplo, había integrado la comitiva que acompañó a Perón de regreso a la Argentina. Es esa definición, explícita, la que hoy no quiere la Iglesia.

-Ahora, dicen que el cardenal es peronista, ¿eso es cierto?

Largo silencio. Los curas se pasan el mate y se miran entre sí. "Ah, eso ni Dios lo sabe", suspira el padre Carrara. Los demás se ríen, pero nadie habla. Es obvio que es un tema en el que prefieren no ahondar.

-También se dice, desde el kirchnerismo por ejemplo, que el cardenal es un hombre de derecha.

En esto sí quieren ahondar.

"Mirá, la sociedad tiene una concepción simplista, o sos esto o sos lo otro, y entre los políticos parece que hay más dogmáticos que entre los religiosos -desafía, Pepe-. Hay que calificar a las personas por lo que hacen. ¿Puede ser de derecha alguien como Bergoglio, que duplicó la cantidad de sacerdotes en las villas o que es un fanático de la religiosidad popular? Porque cuando un Arzobispo nombra a un sacerdote en un destino es porque lo deja de nombrar en otro. Es decir, está haciendo una opción. Y la opción, en este caso, es clara".

El equipo, que se reúne cada quince días para reflexionar, produjo dos documentos importantes, y va por el tercero (el que presentarán el próximo domingo, en el homenaje a Mugica).

El primero, en 2007, fue "Reflexiones sobre la urbanización y el respeto por la cultura villera", un texto en el que se pronunciaron por la integración. Los curas volvieron a salir al cruce más tarde sobre el mismo tema cuando el actual jefe porteño evaluó la posibilidad de llamar a un plebiscito en el que les preguntaría a los vecinos por el destino de los asentamientos. "Lo primero que queremos afirmar es que estas personas son vecinos de la ciudad de Buenos Aires -le escribieron los curas a Macri-. Por eso, nos parece que no se puede decidir por ellos".

El Equipo se enfrenta hoy con una batalla cultural, tanto o más pesada que la política: tratar de integrar a los villeros a una ciudad que los rechaza y les teme.

En 2009 firmaron el segundo documento, sobre el consumo de drogas, que desencadenó la amenaza a Pepe.
También, desde la Pastoral Universitaria, Guillermo Marcó lidera el proyecto "Generación Universitaria", un programa entre la Universidad Católica y los chicos de Villa Soldatti. Los estudiantes de la UCA, de clase media, se juntan los domingos por la mañana con los chicos pobres para hacer actividades en la villa del padre De Chiara.

Martín Carroza, de la Villa de Retiro, habla de ese monstruo que alimentamos entre todos: el desprecio. "Hace poco se hablaba de un muro en San Isidro, pero existen otros muros que son tan sólidos como una pared: la indiferencia, la desconfianza, el creer que son todos vagos que quieren vivir de planes, que son chorros", dice.

El padre Isasmendi completa la idea. "La marginalidad es un no lugar en la sociedad y todos somos responsables de su creación. Cuando una persona es marginada en forma constante, siente que su vida no vale. Entonces, cuando uno de estos pibes roba una canilla en el barrio de al lado, ahí sí se alzan todas las voces acusatorias, pero nadie ve que ese hecho tiene una responsabilidad colectiva."

Por los asentamientos de la Capital, sobre todo por los más populosos, pasan todos: funcionarios, gente que quiere ayudar desde redes sociales, turistas en busca de llevarse una postal de la pobreza. Pasan, también, políticos en campaña, con sensibles discursos sobre la pobreza. Pero la realidad es que los que viven en el barro y se mezclan a diario con la miseria, la muerte y la mala vida son estos hombres, sacerdotes de villas de emergencia, quizá los únicos padres simbólicos a los que pueden acudir por ayuda los olvidados del mundo.

© LA NACION

martes, 27 de abril de 2010

Buscábamos un mundo mas justo... “Si quieres la paz prepárate para la guerra”

Aquí sigo, dándole vueltas al tema y sin atacarlo de lleno.


Es que creo que no se puede hablar de exilio, sin hablar del motivo que lo causa y en realidad a mi me interesa mas hablar mas del mundo en el que vivíamos, de la gente, las creencias, en fin definir quienes eramos antes de ser una masa casi uniforme de "sudacas" que se desplazaban de un país a otro, sin descanso.

Este articulo relata como desde ese mundo llegamos al día de hoy, como fue manipulado nuestro comportamiento... es interesante. Por eso me pareció bueno incorporarlo a las lecturas del Blog.

Al fin y al cabo lo que nos interesa de la historia es entender el aquí y ahora y el estar espiando quienes fuimos, solo para saber quienes somos...

Vean que buena es la imagen que acompaña el articulo.


Ana

LUNES 26 DE ABRIL DE 2010
"Cultura de paz": ¿Sueño, ingenuidad, dispositivo político?

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)
"Hay dos modos de defenderse: el uno con las leyes y
el otro con la fuerza. (…) Como a menudo no basta
con aquél, es preciso recurrir al segundo"
Maquiavelo

La invocación a la paz es algo tan viejo como el mundo; nadie en su sano juicio la desecha, la rechaza abiertamente, no habla de ella como un bien positivo en sí mismo.

La historia muestra una interminable sucesión de invocaciones a la paz… pero al mismo tiempo, la historia también es una interminable sucesión de guerras, de negación sistemática de la paz, de situaciones donde lo que prima es el más descarnado enfrentamiento. Extraer de ello la conclusión que habría una "esencia guerrera" en lo humano que nos condena fatalmente al conflicto violento ("el hombre como lobo del propio hombre"), puede ser apresurado; o, en todo caso, habría que matizarla: la convivencia pacífica sigue siendo una aspiración, por lo que se ve, siempre bastante lejana. ¿Es entonces quimérico pensar en un mundo menos violento que el que conocemos? Por cierto, la discusión está abierta desde hace largo tiempo; la filosofía, la política, las ciencias sociales, el arte en sus diferentes expresiones vienen preguntándoselo incansablemente. No hay ninguna duda que la sola constatación de la vida cotidiana o de la historia, en cualquier momento y en cualquier punto del planeta, nos muestra que la guerra y la conflictividad en sentido amplio son el molde de las relaciones humanas.

"Si quieres la paz prepárate para la guerra", alertaban los romanos del Imperio hace más de dos milenios; quizá con demasiado cinismo, quizá con profundo conocimiento de la condición humana, la invocación no parece descabellada. Esa "preparación", que no es sino el desarrollo del componente bélico en cualquiera de sus innumerables aristas, ha sido y continúa siendo el sector más acrecentado, dinámico -y hoy día: lucrativo- de los seres humanos. Se dijo mordazmente que lo primero que hizo el ser humano cuando sus ancestros bajaron de los árboles y comenzaron a caminar erguidos fue un arma: una piedra afilada. Lo cierto es que desde ese primer homo habilis hace dos millones y medio de años hasta la increíble parafernalia armamentística actual (que implica un gasto de 30.000 dólares por segundo), la industria de la guerra no se ha detenido nunca. Hoy disponemos de los medios técnicos para hacer volar el planeta varias veces, provocando una onda expansiva que llegaría hasta la órbita de Plutón. Es evidente que la paz se resiste y que la guerra no nos es ajena. Pero pese a ese fabuloso desarrollo ¿inteligente?, el mundo sigue siendo injusto. Por tanto: infeliz y desagradable para muchos, diríamos que para inmensas mayorías (métanse ahí todos los afectados por cualquier forma de injusticia: pobres, mujeres, excluidos de cualquier índole, "razas inferiores", etc., etc.)

Buscar la paz no es lo mismo que buscar la justicia. Paz y justicia no son términos antagónicos, pero todo indica que no siempre se corresponden en su totalidad. La historia muestra también que la búsqueda de la justicia no es nada fácil, que implica muchísimo esfuerzo; es decir: la reacción de unos -los más desfavorecidos, en general mayoritarios- contra otros que se aprovechan de los primeros para buscar su bienestar -muy egoístamente por cierto, injustamente, para decirlo con precisión, y en general siendo minoría- es un proceso donde la violencia no deja de estar presente. Es decir: en la búsqueda de la justicia, la violencia juega un papel; si hay injusticia, asimetría en la repartición de poderes, relaciones desparejas, su supresión no se da nunca en forma espontánea, pacífica, libre de tensiones. El arreglo de esas situaciones de desbalance, de asimetría -eso, en definitiva, es la injusticia- no se consigue nunca de modo alegre, feliz, dialogando. Aunque a nadie le guste, la violencia es el vehículo necesario para lograr repartir más equitativamente los recursos con los que vivimos. ¿Cuándo alguien cedió amistosamente cuotas de poder si no fue porque una fuerza violenta lo obligó a ello?

Ahora bien: ¿por qué esa insistencia en la paz en nuestro discurso cotidiano? Se hace la guerra, se violan mujeres, algunos saquean recursos naturales contra la voluntad de otros, se mata, se esclaviza, se desprecia al otro inferiorizado…, pero nos la pasamos hablando de la paz. Contradictorio, sin dudas ¿Por qué siempre esa discordancia, ese cortocircuito de decir lo contrario a lo que se hace? ¿De dónde esa perpetua necesidad de sentirse "buenos" e invocar la paz pese a las tropelías cometidas? En nombre de la paz se mata, así de monstruoso. Luego de los "bombardeos humanitarios" en la ex Yugoslavia (¿bombardeos "humanitarios"?... ¿Nos agarran de estúpidos?) se llegó en el siglo XXI (¿no es que nos civilizamos cada vez más?) al oprobioso e infame concepto de "guerras preventivas". La paz, definitivamente, da para todo. Hasta puede ser un lucrativo negocio.

Todo indica que no nos podemos tomar muy en serio los discursos sobre la paz, porque en su nombre, así como en nombre del amor (otra expresión del mismo mito) o cualquier otro término pomposo que suene altisonante: libertad, solidaridad, democracia, etc., etc., se pueden cometer las peores barbaridades: las Cruzadas, la Santa Inquisición, la conquista de América, la violencia física de los adultos con los niños, el Gulag -y la lista de etcéteras se puede prolongar bastante-. Seguramente tanto hablamos de la paz, el amor y la concordia porque sabemos eso algo muy lejano, y probablemente avergüenza decir con todas sus letras que lo que menos está en juego en la arquitectura de las relaciones sociales es, justamente, la paz. Pero hay que agregar: quien habla, quien enuncia ese discurso, es siempre el detentador del poder.

Son los poderes constituidos (el poder económico, el Estado como expresión política de la dominación de clase, el género masculino, los adultos, el discurso de la cultura dominante -hoy, el eurocéntrico-, el que da la limosna y no quien la recibe) quienes se llenan la boca hablando, no sin cierta ampulosidad, de paz. Los desposeídos no. Los desposeídos, los que están en la parte de abajo en la pirámide social, los débiles, en todo caso aspiran a la justicia. La paz, con toda esa pompa y grandilocuencia con que la invocan los poderes dominantes, no es parte de sus preocupaciones. Justicia no es contradictoria con paz, pero no necesariamente van de la mano.

En mayor o menor medida, disquisiciones sobre la paz ha habido siempre a lo largo de la historia. Desde una primaria noción de "equilibrio con la naturaleza" como noción amplia de "paz" -más propia de las cosmovisiones no-europeas enfatizando los equilibrios cósmicos y energéticos- hasta las nociones modernas enmarcadas en el racionalismo de la Europa de estos dos o tres últimos siglos, con la idea individualista de derechos humanos que se va generando con el mundo burgués, la interrogación sobre la paz fue ganando en refinamiento, fundamentalmente en el pensamiento europeo moderno, desde el Iluminismo en adelante, hasta llegar a la moderna, muy reciente formulación de "cultura de paz". El pensamiento socialista no dedicó su esfuerzo a esta reflexión; su énfasis, nótese, estuvo puesto siempre en la lucha por la justicia. La paz, en todo caso, podrá venir por añadidura. O no. Pero la reflexión en torno a la paz no jugó un papel crucial en el ámbito de las ideas revolucionarias modernas. Mucho menos esta noción reciente, surgida luego de la caída del muro de Berlín, de "cultura de paz".

Y es de ella, justamente, de la que queremos hacer ahora algunas consideraciones.

Recién en julio de 1989 en Costa de Marfil (África), en el marco del "Congreso Internacional sobre la Paz en la Mente de los Hombres", comienza a hablarse sistemáticamente de "cultura de paz". Durante el largo período de la Guerra Fría, curiosamente, nunca se tocó el tema, no estaba acuñado el concepto, bien que hubiera sido necesario invocar a un mundo menos violento.

Casualmente, la idea de cultura de paz comienza a tomar auge coincidiendo con un cambio importante que se registra en el mundo: la caída de lo que en ese momento era el socialismo real, es decir: todo el bloque soviético este-europeo. Bloque, por cierto, considerado "violento", causa de la violencia -"imperio del mal" llegó a definírselo- por el discurso dominante del capitalismo global. Bloque que, para la ideología profundamente anti-socialista difundida a escala planetaria, representaba la pérdida de la libertad y el reinado de la violencia extrema (de ahí, se decía, se exportaban todas las acciones violentas, las guerrillas, el terrorismo, el odio reconcentrado y una larga lista de atrocidades, según las viscerales versiones que alimentaban la guerra cultural que se libraba en ese entonces, con Moscú abriendo cabezas de playa por todo el planeta y entregando fusiles AK 47 a granel).

Sin omitir una crítica rigurosa de lo que efectivamente representó ese primer modelo de socialismo desarrollado en el mundo como experiencia primigenia, socialismo autoritario y antihumano en definitiva que no debe repetirse jamás, es significativo que al caer ese paradigma -sin que las contradicciones de la aldea global se resolvieran, obviamente, pues las injusticias no se terminaron- surgiera con tanta fuerza el llamado a una cultura de paz. La misma, según la definición que aporta Naciones Unidas en 1998 con su Resolución Acta 52/13, "consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones".

Sin dudas, la invocación es, más allá de genuinas buenas voluntades en los intelectuales que la formularon, un llamado a desarmar todo atisbo de rebeldía, de protesta, de contestación. La violencia pasa a ser algo "feo", "fuera de moda", "primitivo". Hay que rechazarla de cuajo. Contra la fuerza de quienes se alzan ante las injusticias, el llamado es al diálogo y la negociación. De Marx se pasa a MARC's; del pensador alemán fundador del socialismo científico se pasa a los "Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos". Y ahí está la trampa: ¿cómo es posible solucionar consensuadamente los conflictos? ¿Pueden sentarse a dialogar las partes estructuralmente opuestas y llegar a compromisos satisfactorios para todos? Una vez más: ¿cuándo un factor de poder cedió amistosamente cuotas de su poder si no fue porque una fuerza violenta lo obligó a ello? ¿Qué ejemplo histórico nos muestra que se "resolvió amistosamente" una asimetría de poderes a partir de buenas voluntades y diálogo? Un enfrentamiento de clases, de géneros, el racismo, el autoritarismo, la conquista de un país por otro ¿se podrán arreglar en la mesa de negociaciones? ¿Cuántos ejemplos de ello hay?

El llamado a desarrollar esta cultura de paz que va apareciendo para la década del 90 del pasado siglo coincide con el desmoronamiento del bloque socialista de Europa, lo cual trajo, entre otras consecuencias, la terminación de innumerables conflictos armados internos que se desarrollaban durante la Guerra Fría. Pero la terminación de todos ellos y los posteriores procesos de paz que se vivieron con numerosos movimientos revolucionarios insurgentes que terminaron desarmándose e integrándose a la vida política civil, no significaron ni la paz social ni el fin de las injusticias que alentaban esas confrontaciones. Por ello es significativa la aparición al unísono de tanta preocupación por la paz; y más aún: toda esa elucubración en torno a una cultura de paz.

¿Por qué no una "cultura de justicia"? No, de eso no se habla. O, al menos, no hablan los poderes dominantes. Una "cultura de paz" políticamente correcta: sí. Más de eso: es sacrílego, no meterse.

Esta novedosa formulación de una cultura de paz que va tomando cuerpo para la década de los 90 del siglo pasado, que invita a dejar de lado la violencia y a negociar, a consensuar las diferencias, termina con una esperanzadora declaración conocida como "Manifiesto 2000 para una cultura de paz y no violencia". Allí se habla -muy correctamente por cierto en términos políticos- de lo que debería hacerse para que todo el mundo viva en paz: promover una cultura de paz por medio de la educación, promover el desarrollo económico y social sostenible, promover el respeto de todos los derechos humanos, garantizar la igualdad entre mujeres y hombres, promover la participación democrática, promover la comprensión, la tolerancia y la solidaridad, apoyar la comunicación participativa y la libre circulación de información y conocimientos, promover la paz y la seguridad internacionales. Consecuencia de esto es la instauración del decenio de una cultura de paz entre el 2001 y el 2010. Década, por cierto, que ya está por terminar y que se si evalúa con rigor en cuanto al cumplimiento de las metas establecidas, como mínimo, sale reprobada en el examen. ¿Alguien, honestamente, esperó en algún momento que con ese manifiesto se alcanzara la paz en el mundo?

Todo lo que en esa declaración de principios se dice es muy encomiable, sin dudas. Pero no queda para nada claro cómo se conseguiría. ¿Quién sería la autoridad planetaria que haría efectivo el cumplimiento de todos esos buenos deseos? ¿Con qué poder de convocatoria se conminaría a todas las partes a respetar ese bienintencionado decálogo? ¿La Organización de Naciones Unidas lo haría acaso? ¿Esa institución que estuvo a punto de cerrar sus oficinas en Nueva York porque no tenía cómo pagar los gastos operativos dado que Estados Unidos debía algunas cuotas? ¿La misma que no pudo siquiera pestañar ante las vergonzantes guerras de Irak y Afganistán? ¿Esa instancia sería la encargada de implementar todas estas medidas? Como mínimo podríamos decir que eso se ve dudoso, por no decir desopilante.

Loable, plausible, digno de todo nuestro respeto y consideración el pedido de un mundo en paz. ¿Quién podría ser tan desalmado de pedir la guerra acaso? Ahora bien: ¿es genuino este pedido de una cultura de paz? ¿Es solamente ingenuo? ¿Encierra algo más?

Seguramente hay más de un sujeto altruista y soñador que se toma en serio la posibilidad de construir ese paraíso en la tierra, entendiendo que, por ejemplo, la educación es una camino para lograr buscar con toda la honestidad del caso un mundo más civilizado donde la violencia vaya teniendo cada vez menos lugar. Ahora bien: las posibilidades de hacer realidad eso, de repartir equitativamente los poderes ya establecidos por vía de un diálogo constructivo parecen muy alejadas de la realidad. No hay cambio genuino que no necesite imponerse, romper viejos esquemas. "Para hacer una tortilla hay que romper algunos huevos", enseña el refrán. El solo hecho de "imponerse" implica ya una tensión, que siempre -la historia lo enseña- conlleva hechos violentos. Aún a riesgo de ser reiterativo: ¿quién ha cedido su cuota de poder voluntariamente alguna vez?

El llamado a una cultura de paz finalmente, aparecido en el momento en que cae el muro de Berlín y junto a él también -al menos temporariamente- caen sueños de justicia, aparecido de la mano de esta machacona idea de "transformación de conflictos" y "resolución consensuada de las diferencias", como mínimo, debería ser puesto en observación. La invocación de una cultura de paz en abstracto puede terminar pareciéndose, en definitiva, a una cultura de pis. Lo cual, por cierto, no huele muy bien.

Autor imagen: Kalvellido

jueves, 4 de febrero de 2010

’La ruta del exilio’ pasó por Ciudad de México

Lun, 16 nov 2009 | Publicado en Ciencias Sociales, Crónicas, Humanidades

El programa histórico “Setenta años de exilio”, organizado por la UNED, ha convocado ya a más de un centenar de investigadores a lo largo de su trayectoria, recorriendo entre otros lugares, las capitales de México, Argentina, Francia, Suiza, España y Uruguay.

Setenta años de exilio
Setenta años de exilio 

La Ruta del exilio trazada desde la Universidad Nacional de Educación a Distancia en el 70 aniversario del inicio del exilio republicano, tuvo en Ciudad de México su penúltimo destino el pasado 10 de noviembre, antes de concluir en Madrid el próximo primero de diciembre.

Un largo camino andado

Coordinada por la historiadora Alicia Alted, esta larga serie de excursiones, exposiciones, debates y conferencias ha recorrido las ciudades de París, Ginebra, Buenos Aires, Rosario, Montevideo y diversos enclaves en la frontera sur de Francia, siguiendo las huellas de los hombres y mujeres que abandonaron su tierra huyendo de las represalias políticas que siguieron al golpe de estado capitaneado por Franco contra el gobierno de la Segunda República española.

Maria Luisa Capella estuvo al frente de la organización del congreso en la capital mexicana, que contó con la participación de numerosos investigadores de la UNAM, principa universidad del país, cuyas investigaciones gozan de importante prestigio internacional, así como del Colegio de México, el Ateneo Español y otras nueve instituciones de ambos lados del charco.

Participantes de lujo para un encuentro muy intenso

La historiadora Alicia Alted, coordinadora del programa "setenta años de exilio"

La historiadora Alicia Alted, coordinadora del programa "setenta años de exilio"

Las seis mesas que compusieron el programa, reuniendo a más de treinta ponentes de primer orden, incluyeron a políticos de extensa trayectoria como Porfirio Muñoz Ledo, destacados investigadores de renombre internacional y testigos directos del exilio como el poeta español Tomás Segovia, quien con sólo nueve años se vio obligado a abandonar este país sin su padre. Celebridades de la talla de Sergio García Ramírez (Juez de la corte internacional de Derechos Humanos), el periodista Miguel A. Granados Chapa, el escritor Gonzalo Celorio, Juliana González y José Sarukhan de la UNAM (ella maestra emérita y el exrector), Jerzy Rzedowsky (investigador polaco que logró salir con vida de Auschwitz) y Javier Garcíadiego (Presidente de El Colegio de México) figuraban en el elenco de ponentes de las jornadas.

El congreso ocupó dos días completos y dos salas abarrotadas, a pesar de coincidir con una enorme huelga nacional contra la privatización del suministro eléctrico, cuyos cortes de tráfico sumieron el ya difícil tráfico de la ciudad en un descomunal embotellamiento. Sin embargo, la masiva afluencia de estudiantes y profesores incluso obligó a proyectar las conferencias en un salón contiguo que también completó su aforo.

Los debates adoptaron diversas perspectivas para aproximarse al fenómeno del exilio, al calor de los últimos datos que arroja la investigación histórica reciente: desde las relaciones políticas del gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas con la República española en su proceso de exilio, hasta las aportaciones realizadas en los ámbitos científico, tecnológico, artístico y humanístico por los muchos intelectuales y académicos que huyeron de la represión del régimen franquista.

Bien como fundadores de asociaciones civiles, instituciones de enseñanza, imprentas, editoriales, publicaciones y centros de reunión, bien integrando las instituciones existentes en México, este país reconoce y agradece a través de sus investigaciones el inestimable aporte recibido por aquellos emigrados que vivieron pendientes de su regreso y sin embargo casi siempre entregados a su actividad profesional en el país de acogida. La ocasión sirvió además para presentación al público el nuevo Centro de Estudios de las Migraciones y los Exilios.

Todavía largo camino por recorrer

Si la discusión académica inevitablemente palpó sensibilidades al recordar los difíciles capítulos vividos por algunos de los nombres históricos de la cultura española, la nota emotiva la pusieron la lectura de poemas a cargo de alumnos del Instituto Luis Vives y la actuación del coro infantil del Colegio Madrid, fundados ambos por exiliados españoles a su llegada a México, que junto a otras actuaciones musicales iberoamericanas acompañaron las conferencias.

El filósofo Francisco Álvarez durante la conferencia de clausura.

El filósofo Francisco Álvarez durante la conferencia de clausura.

Más de una lágrima afloró también en el recuerdo a la investigadora Concepción Ruiz Funes, cuya muerte impidió su ponencia pero no su presencia en el congreso a través del homenaje realizado por sus compañeros. Pero para sorpresa de los que estuvimos allí presentes, el momento más conmovedor del encuentro, tras dos días de jugosísimas exposiciones y conclusiones, lo protagonizó el catedrático Francisco Álvarez a cuyo cargo quedó la conferencia de clausura.

Bajo el título de Los argumentos de la memoria, el testimonio personal, por primera vez en público, de las torturas sufridas en su detención durante el régimen fascista y sus reflexiones al hilo de las transformaciones sociopolíticas en nuestro país pusieron el broche de oro al encuentro, proyectando las enseñanzas del pasado y el análisis del contexto presente para afrontar los retos del futuro.

Según sus palabras de despedida, “mucho se ha avanzado en España con pasos como la Ley de Memoria Histórica, y sin embargo mucho queda aún por hacer”, refiriéndose a la necesidad de continuar coordinando y potenciando la investigación de las historias y los exilios externos e internos que han permanecido ocultos bajo un manto de silencio que poco a poco y desde múltiples ámbitos debe irse destramando.

Mesa sobre las relaciones entre las repúblicas mexicana y española.
Mesa sobre las relaciones entre las repúblicas mexicana y española.
De izquierda a derecha: Tomás Segovia (ESCRITOR), Miguel Ángel Granados Chapa (ACADEMIA MEXICANA DE LA LENGUA), José Antonio Matesanz (UNAM), Porfirio Muñoz Ledo (DIPUTADO MEXICANO)y Javier Garciadiego (EL COLEGIO DE MÉXICO).
Mesa dedicada al estudio de las aportaciones científico tecnológicas de los exiliados.
Mesa dedicada al estudio de las aportaciones científico tecnológicas de los exiliados.
De izquierda a derecha: Miguel Ángel Puig Samper (CSIC, MADRID), Jerzy Rzedowski (INSTITUTO DE ECOLOGÍA A.C. PATZCUARO, MICHOACÁN), José Sarukhan Kermez, Julia Tagueña , Jorge Flores (los tres de UNAM) y Adolfo Martínez Palomo (INSTITUTO POLITÉCNICO, PRESIDENTE DEL CONSEJO CONSULTIVO DE CIENCIAS DEL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA MEXICANA).
Mesa sobre las asociaciones civiles, políticas y educativas de los exilados en México.
Mesa sobre las asociaciones civiles, políticas y educativas de los exilados en México.
De Izquierda a Derecha: José Ignacio Cruz (UNIVERSIDAD DE VALENCIA), Carmen Tagüeña (PRESIDENTA DEL ATENEO ESPAÑOL DEMÉ- XICO A. C.), Clara Lida (EL COLEGIO DE MÉXICO), Dolores Pla. (INAH), Pilar Domínguez Prats (UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA).
Actuación musical de un grupo de jaraneros campesinos al cierre de las jornadas.
Actuación musical de un grupo de jaraneros campesinos al cierre de las jornadas.

Miguel Álvarez Peralta