Razones para escribir este Blog

Días atrás, encontrándome en casa de una de mis hermanas mayores, mi sobrina menor, estudiante de psicología y temas básicos relacionados, me dijo: "Si hay algo que no entiendo es como pudiste ser peronista dada tu forma de pensar, que cosas fueron las que te motivaron para creer en un movimiento basado en el fascismo..."
"No teníamos nada que ver con el fascismo", conteste casi indignada.
Y le empece a contar..., ahí me di cuenta que la generación del 80, no tiene la menor idea del mundo en el que vivimos la del 50.
Hice este Blog para mis sobrinos e hijos, sus amigos, para que sepan que sentimos los jóvenes idealistas de mi generación, que en el mejor de los casos terminamos exiliados, los que tuvieron menos suerte están desaparecidos.
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martes, 3 de diciembre de 2019

Papel Prensa: carta de un testigo clave

"Vincular la venta a la tortura es falso"

Gustavo Caraballo, compañero de cautiverio de Lidia Papaleo, desmiente su acusación

Pocas horas antes de que la Presidenta presente un informe sobre Papel Prensa, Gustavo Caraballo, ex embajador argentino en la Unesco, detenido en 1977 y torturado en el centro clandestino Puesto Vasco junto con Lidia Papaleo de Graiver, rechazó en una dura carta las acusaciones de ésta y del Gobierno sobre la transferencia de la empresa, en noviembre de 1976, a los diarios LA NACION, Clarín y La Razón . 

"Más de treinta años después, se pretende vincular esa transacción a la tortura y persecución de Juan, Isidoro y Lidia Graiver por recibir fondos de Montoneros. Todo ese andamiaje es falso", dice en su carta, titulada "No hay democracia sin verdad", que envió ayer a LA NACION con pedido de publicación. "Pretender ahora construir una nueva teoría de los hechos a fin de controlar un insumo básico para la prensa libre es ofensivo a la dignidad pública e inmoral", sostiene Caraballo, ex secretario técnico de Juan Domingo Perón y estrecho colaborador también del presidente Arturo Frondizi. 

Como abogado del ex ministro de Economía José Ber Gelbard, Caraballo tomó contacto con Lidia Papaleo por una deuda de 6 millones de dólares contraída con aquél por David Graiver, su difunto marido. "La familia Graiver soportó todo tipo de apremios y vejámenes, pero [éstos] no tuvieron que ver con Papel Prensa. Como alguien que está apremiado por las deudas, ya se había desprendido legítimamente meses antes de Papel Prensa", relata. 

Explicó que también tuvo la oportunidad de hablar con los miembros de la familia Graiver durante su detención. "Jamás mencionaron que la venta de Papel Prensa estaba vinculada a las presiones que soportaron durante su injusta detención", puntualiza la misiva de quien también estuvo detenido por la dictadura. 

"Como tuve conocimiento de los hechos, creo que esta carta puede contribuir a la verdad", relata en la misma carta.

A continuación, se publica la carta completa de Caraballo, que envió ayer a LA NACION para su difusión.

* * *

"No hay democracia sin verdad. Se anuncia la intención del Gobierno de querer anular la venta de Papel Prensa realizada en 1976 por la familia Graiver al consorcio integrado por los diarios LA NACION, Clarín yLa Razón . Más de treinta años después, se pretende vincular esa transacción a la tortura y persecución de Juan, Isidoro y Lidia Graiver por recibir fondos de Montoneros. Todo ese andamiaje es falso. 

"Como tuve conocimiento de los hechos, creo que esta carta puede contribuir a la verdad. Como abogado del ex ministro de Economía José Ber Gelbard, éste me encomendó visitar a Lidia Papaleo de Graiver para gestionar el pago de una deuda por 6.000.000 de dólares. 

"La visité a principios de 1977, creo que en febrero o marzo. La Sra. Papaleo me dijo que estaba acorralada por las deudas y me mostró la nómina de compañías que conservaban, ofreciéndome Marmicoc y La Opinión, para cancelar el crédito de mi cliente. Mi cliente no aceptó y me pidió que les hiciera juicio. No estaba en esa nómina Papel Prensa, pues la había vendido con anterioridad. 

"En enero de 1977 no había aparecido la conexión de David Graiver con Montoneros, de lo que tuvieron conocimiento las autoridades militares recién en marzo con la detención de Juan e Isidoro Graiver.

"En enero de 1977 no había contra esa familia ninguna persecución por parte del gobierno. Por el contrario, siguiendo un proceso que ya había iniciado David Graiver con la contratación de dos expertos en imagen muy vinculados a los militares, buscaba un acercamiento al régimen dictatorial. 

"A mí, sin acusación alguna, me detuvieron el 1º de abril de 1977, y tras el paso obligado por los centros clandestinos de detención y tortura de Puesto Vasco y el Pozo de Banfield, me pusieron a disposición del Poder Ejecutivo. Los encargados de Puesto Vasco eran ciertamente muy rudos con los detenidos que no tenían registro ni nombre, como dice el título del libro de Jacobo Timerman, Prisionero sin nombre, celda sin número . 

"Tras soportar jornadas de tortura en las que negué toda vinculación mía y de Gelbard con Montoneros, me dijeron que llevarían a mis hijas menores a ser torturadas conmigo. Todo hombre tiene un punto de flaqueza cuando se amenaza a sus hijos. Ofrecí firmar una hoja en blanco para que la llenaran a su arbitrio, pero una voz puso fin a la tortura y a la amenaza y me devolvió a mi celda. Meses después era liberado sin cargo alguno por decreto del PE de noviembre de 1977. 

"Desde la ventana de mi celda en Puesto Vasco vi varias veces a Lidia Graiver, tabicada y guiada por los carceleros para ir y volver de los cuartos de tortura. La familia Graiver soportó todo tipo de apremios y vejámenes, pero no tuvieron que ver con Papel Prensa. Como alguien que está apremiado por las deudas, ya se había desprendido legítimamente meses antes de Papel Prensa, aunque quedaran formalidades pendientes. Tuve oportunidad de hablar con los miembros de la familia Graiver durante mis meses de detención y jamás mencionaron que la venta de Papel Prensa estuviera vinculada a las presiones que soportaron durante su injusta detención. 

"Cuando el gobierno de Alfonsín indemnizó a los Graiver por la privación de sus bienes, nunca estuvo incluida Papel Prensa, pues la familia no vinculó su venta con maniobras de la dictadura.

"Pretender ahora construir una nueva teoría de los hechos para restituir acciones de Papel Prensa a Lidia Graiver mediante un acuerdo probable con ella, a fin de controlar un insumo básico para la prensa libre, es para mí tan ofensivo a la dignidad pública y tan inmoral como aquel esbirro que me coaccionó a mentir mediante una amenaza sobre mis hijas."




Arquitecto Bonafini ... Difundir para que se conozca la verdad

Arquitecto Bonafini - Declaraciones del ex-marido de Hebe de Bonafini

Hebe de Bonafini es "la madre de plaza de Mayo" que reclama por sus hijos desaparecidos ... 

La que se alegra por la tragedia de las torres gemelas, y por la muerte de Juan Pablo II. 

 La que alienta a la ETA a seguir matando, y muchas cosas más. 

Sus hijos además de vivir en Madrid, están empadronados para poder votar ...

La titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini sostiene desde hace muchos años que sus hijos están desaparecidos (y cobró la asignación del Estado por hijo desaparecido) sin embargo ...

Algo para recordar con relación a la titular de Madres de Plaza de Mayo ...

"El Arquitecto Bonafini, en la recordada entrevista con Bernardo Neustadt, en Junio de 2002, había dicho: "Me extraña lo que dice y hace mi ex mujer. Anteanoche, cené con mis hijos Jorge y Raúl, en la "Posada de Juanillo", aquí en Madrid, precisamente frente a la casa del actor Héctor Alterio, quien junto a su señora estaba ubicado en una mesa frente a nosotros. Mi ex mujer, que se casó conmigo odiando mi ideología desarrollista, todos saben que admiré a Don Arturo Frondizi toda mi vida, fabricaba disputas todos los días. Cuando me divorcié, le prohibí el uso de mi apellido. Sinceramente creo que el odio la enfermó mentalmente. Ella debe hacer esto por los hijos de otras madres". 

Al final, no todo lo que brilla es oro....

martes, 18 de noviembre de 2014

jueves, 20 de marzo de 2014

¿Qué hacer con los setenta? entrevista a Claudia Hilb

La politóloga Claudia Hilb asume posiciones polémicas sobre una década que sigue generando ríos de tinta. Aquí analiza a Scilingo, Fidel, la lucha armada, entre otros temas.

POR GUIDO CARELLI LYNCH

  En el tribunal. Una de las últimas imágenes del dictador Videla, que estaba siendo juzgado por el Plan             Cóndor.

El 19 de abril de 2005, diez años después de que el ex capitán Adolfo Scilingo describiera en una entrevista con Horacio Verbitsky su participación en los vuelos de la muerte, en los que la Armada arrojaba prisioneros al mar y al Río de la Plata, fue sentenciado a 640 años de prisión por el mismo tribunal al que se había presentado voluntariamente. La condena fue celebrada de manera unánime, pero Claudia Hilb, profesora titular de Teoría Política en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, exiliada en los 70 y con decenas de amigos y compañeros desaparecidos, pensó en cambio en que nadie se había preguntado si semejante pena no enterraba las posibilidades de que otros militares aportaran datos que sirvieran para esclarecer sus crímenes.

¿Usted cuestiona la estrategia de los juicios contra los militares y opone el modelo sudafricano para juzgar el Apartheid?

Es una pena que a partir de 2003 no se haya considerado la posibilidad de avanzar hacia un esquema sudafricano, que proponga reducción de penas contra verdad. Los militares tendrían interés en hablar por una cuestión simplemente económica: reducción de penas contra verdad.

Hay muy poco que se ha sabido por boca de los militares. Lo que se ha sabido ha sido por reconstrucción de los familiares, de los organismos de Derechos Humanos, pero hay muchas cosas que realmente habría estado muy bien que se pudieran saber. Esto causaría, por parte de quienes participaron de la represión, un resquebrajamiento de una solidaridad grupal que se sostiene, porque no tienen nada que ganar y mucho que perder si hablan. Y, también, un resquebrajamiento moral, que a mí me parece que sería interesante que se diera en Argentina. Graciela Fernández Meijide y Claudio Tamburrini son los únicos dos que yo conozco que han planteado un esquema como éste.

¿A qué adjudica la clausura de esa posibilidad?

Para esto no hay soluciones perfectas nunca, obviamente. Si se elige el camino de la justicia, hay una pérdida de la verdad; y si uno privilegia la verdad, vas a perder un poco en justicia retributiva. Hay por un lado un automatismo de la solución virtuosa de la Justicia, que hace que para mucha gente sea impensable. Es mucho más tranquilizador no mover nada, no suscitar una proliferación de relatos, no ponerse frente a la situación de que estos tipos no son monstruos sino que son personas, que tienen un relato respecto a las monstruosidades que cometieron. Una proliferación de relatos posibilita más que se salga de las cristalizaciones de memoria, de la idea de que hubo buenos y malos, inocentes y culpables, víctimas y victimarios. Porque también los militares, cuando empiezan a hablar, hablan no sólo como victimarios, sino también como víctimas. Empiezan a hablar de sus muertos, de sus miedos y esto también causa problemas e incomodidades en los relatos que han cristalizado, como si hubiera sólo buenos de un lado y malos del otro, inocentes y culpables.

De seis reacciones –ella dirá estímulos, pero en verdad son obsesiones– como el que la asaltó tras la condena de Scilingo, surgieron los seis contundentes ensayos reunidos en Usos del pasado. Qué hacemos hoy con los setenta . Sentada en el último piso de la editorial Siglo Veintiuno, en Palermo, revisa los hechos que hoy parecen incuestionables en los debates políticos o en las sobremesas familiares, “las consignas que se convirtieron en ideologemas”. “Para algunos parecería que si las víctimas (del terrorismo de Estado) fueron 9.900 asesinados, torturados, muertos en campos de concentración, tirados desde los aviones, dejaría de ser grave, cuando es igualmente grave que si fueran 30 mil. Se cristalizó una especie de cifra política, en la que empezó a haber una divisoria de aguas y lo mismo pasó con la definición de genocidio”, dispara sin anestesia, pero sin necesidad de sobreactuar la seriedad de los temas sobre los que opina. Le interesa –asegura– ser escuchada y crear condiciones para ser escuchada, ni más ni menos. Por estos días, realiza entrevistas particulares a militares presos; Hilb persigue otros recovecos de la verdad.

Un “estupor” similar pero distinto al del caso Scilingo la atravesó ante la dificultad de entender el acto de fe progresista en el que miles de personas se movilizaron en 2003 para escuchar a Fidel Castro en las escalinatas de la Facultad de Derecho.

¿No iba acaso el grueso de esos miles a ver a un protagonista excluyente del siglo XX?

Te podría decir casi provocadoramente: si viniera Hitler sería el siglo XX caminando por ahí y la gente no iría para aplaudirlo a las escalinatas de Derecho. Lo que estaba en juego ahí era otra cosa, el romanticismo revolucionario del siglo XX encarnado en Fidel Castro y la revolución cubana. Cuando vino fue un momento muy cercano al encarcelamiento de un grupo de 70 militantes e intelectuales cubanos, que además habían sido cercanos a la revolución. Habían sido detenidos por acusaciones tales como colaboración con el imperialismo americano, que quería decir que sus cosas se publicaban en los Estados Unidos. A mí me pareció impresionante esa sensación de que en la Argentina no había habido ninguna reflexión crítica respecto de lo que había pasado con los regímenes de tipo comunista de la órbita soviética y con la forma de régimen que se había impuesto a partir de ese momento. Entonces, ir a aplaudir a Fidel Castro era hacer prueba de progresismo, cuando el régimen que había salido de la revolución cubana podía calificarse de muchas cosas, pero no de un régimen que uno apoyaba porque uno era progresista. Esa anécdota es el mismo tipo de disparador que uso con el resto de los artículos: hay algo que me molesta y me molesta mucho.

¿Qué tienen en común esos episodios que la obsesionan?

Me molesta la manera en que resurgen de manera impensada reacciones de la ideología setentista sin que la gente que reacciona de esa manera crea que tiene nada que pensar sobre las cosas que sucedieron. Las cosas que sucedieron en la Argentina respecto del régimen que vino después y en qué modo podemos haber contribuido los que participamos de los 70 a que eso pudiera suceder. Y sin pensar tampoco qué fue de aquellos regímenes que despertaban nuestro entusiasmo en los años 70, sea Cuba, Vietnam, Camboya, gobiernos que se convirtieron realmente en regímenes de opresión espantosa.

Usted afirma que las utopías igualitarias terminan por la deriva antilibertaria.

Sí, esto lo he discutido con amigos que me decían “vos no podés condenar el pensamiento revolucionario del siglo XX porque algunas experiencias terminaron mal”. Y yo siempre digo “nómbrenme una que haya terminado bien, una revolución hecha en nombre de estas utopías igualitarias que no haya terminado en una nueva forma de opresión”. Si todas las experiencias hechas en nombre de esa utopía terminan en nuevas formas de opresión, si no hay ninguna experiencia que haya dado otra cosa que regímenes de dominación, empecemos a preguntarnos qué es lo que hay en esa idea de que uno puede construir una sociedad a imagen y semejanza de una idea y moldear la arcilla humana para que el material humano se adapte a la idea que tiene uno de lo que es el bien político, y preguntémonos qué es lo que estaba mal en ese proyecto revolucionario.

Plantea en efecto una pregunta poco frecuente: ¿qué hubiera sido de su generación si esos proyectos revolucionarios de los 70 hubiesen triunfado?

Claro, porque efectivamente, las experiencias en las que nosotros basábamos nuestro entusiasmo en los 70, eran la revolución cubana y la revolución vietnamita. Al régimen de la revolución cubana sé que hay gente que hoy lo sigue apoyando y uno tiene derecho a apoyar regímenes de dominación total, pero lo que no se puede negar es que es un régimen de dominación total desde hace más de 50 años, donde el poder está en manos de una cúpula reducida y donde ha habido purgas sucesivas, donde la mayor parte del personal revolucionario de los inicios fue perseguido. Es un dato objetivo que nadie puede negar; ahora, si alguien lo quiere justificar, se puede debatir, pero el dato no se puede negar. Lo que yo me pregunto es también: ¿qué hubiera sido de nosotros si hubiéramos ganado? Estuvo muy lejos la situación de que en la Argentina pudiera triunfar un movimiento insurreccional, pero de todos modos vale la pena pensarlo, aunque no en términos de derrota. Lo que hay que pensar es qué es lo que nosotros pretendíamos y si hoy podríamos seguir estando de acuerdo con aquello que pretendíamos. Por eso la pregunta de qué hubiera pasado si hubiéramos ganado.

Los excesos legales (la extraterritorialidad) del juez Garzón para juzgar fuera de su juridiscción, y el rechazo de la UBA para que procesados –no condenados– por crímenes de lesa humanidad no accedieran al programa UBA XXII (sin atenerse a la presunción de inocencia, entre otros argumentos) y un notable capítulo en términos históricos –y también literarios– sobre el copamiento del cuartel de La Tablada orquestado por Enrique Gorriarán Merlo completan el abanico de verdades incómodas que Hilb desanuda.

¿No la conforma el resultado de la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad?

A mí me trae problemas la manera en la que hubo que operar jurídicamente para poder reabrir los casos. Es como si hubiesen declarado que las leyes de 1987 no existieron. El problema es que no se las podía derogar, porque sino los acusados tenían derecho a atenerse a la ley más favorable, porque no se les podía aplicar retroactivamente. Entonces prácticamente se declaró la inexistencia de esas leyes, porque se habían votado en condiciones de ausencia de libertad y por lo tanto eran no válidas. Me parece muy complicado eso ya, porque se suponía que uno de los valores recuperados a partir de 1983 eran la justicia y la seguridad jurídica en asuntos de derechos personales y políticos. ¿Qué pasaría si se tomara la misma resolución sobre un punto que a uno no le gusta? ¿Qué pasa si en cinco años deciden que la ley de matrimonio igualitario se votó en condiciones de presión social y entonces no existió? Desde el punto de vista de una comunidad con costumbres regularizadas por la ley, me parece muy complicado.

¿Pero hubiera habido otra manera de reabrir los juicios?

Creo que salvo por la apropiación de chicos, que nunca prescribió, probablemente no. Pero también este tema se soslaya, nadie lo dice, nadie lo discute, cerramos los ojos, ponemos el pañuelo rojo y vamos todos. No es banal esta cuestión de que, cuando nos gusta el carácter ajurídico o antijurídico de algo, cerramos los ojos, le damos para adelante y no decimos nada; es grave. Luego, se abrieron los juicios, y tengo algunas reflexiones. Tienen que ver con la manera en que una sociedad termina con una situación traumática: ¿cómo le ponés fin? En algún momento hay que ponerle fin. Acá lo que va a suceder es que lo vamos a hacer por una cuestión biológica: se van a terminar muriendo los represores. Pero tampoco sé si es la mejor manera. Si cuando se reabrieron los juicios se hubiera ideado una manera de que se recuperara la verdad, creo que se podría haber puesto un horizonte. Pero esto no tiene horizonte, los juicios pueden seguir eternamente, siempre van a aparecer nuevos sospechados y denuncias. Yo tengo casos muy cercanos de familiares que no pueden soltar la persecución de la verdad, pero ni siquiera es de la verdad, es del enjuiciamiento. Y, si en sus posiciones públicas se oponen a la idea de verdad contra reducción de pena, en sus casos particulares estarían muy de acuerdo en obtener verdad a cambio de poner un fin a la persecución jurídica. Esto se podría haber hecho y no se hizo. ¿Si todavía se puede hacer? Creo que las condiciones políticas no existen para eso y las jurídicas no sé si existirían.


¡Mil gracias Guido! ¡Escribís fantástico, felicitaciones!

lunes, 27 de junio de 2011

La Resistencia Peronista, la rebelión del General Valle, los fusilamientos y el genocidio

Fusilamiento ilegal de más treinta peronistas en cárceles y basurales. El comienzo del Terrorismo de Estado.

Pintura del aragonés Francisco Goya y Lucientes, titulada El tres de Mayo de 1808 o Los fusilamientos de la Moncloa (Pintada en 1814)

El 9 de junio de 1956 se desencadenó una sublevación cívico-militar, encabezada por el general Juan José Valle, en contra de la dictadura militar, antipopular y gorila, de Aramburu y Rojas. El objetivo era exigir la vuelta al sistema constitucional y la restauración de las conquistas sociales obtenidas por la clase trabajadora durante el gobierno peronista.

Escribe: Blas García
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Infografia de el diario El Clarín.

La rebelión fue la respuesta natural del pueblo ante la agresión de los militares que en junio de 1955 bombardearon la Plaza de Mayo, asesinando a más de 300 personas y en septiembre del mismo año derrocaron a Perón, iniciando una feroz persecución a militantes y simpatizantes justicialistas.

La conspiración de 1955

Con el correr del año 1955 la actividad conspirativa de los sectores liberales dentro de las Fuerzas Armadas se había incrementado. Se produjeron movimientos contrarios al gobierno en diversas bases militares que culminaron el 16 de junio, con un bombardeo de sediciosos pilotos navales y de la fuerza aérea, en horas del mediodía, a la Plaza de Mayo, colmada de gente, con la confesada intención de matar al Presidente Juan Perón.

Como saldo del ataque quedaron cientos de civiles heridos y muertos. El gobierno logró detener el golpe de Estado, pero la conspiración antiperonista se había ampliado. En ese momento el único sector social decidido a sostener a Perón era la clase trabajadora.

El golpe gorila

El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe militar contra el gobierno constitucional de Perón. Los jefes del levantamiento, autodenominado "Revolución Libertadora", son los generales Aramburu, Lonardi y el contralmirante Isaac Rojas.

El 20 de septiembre Lonardi asumía la presidencia de la República con una frase que luego fue desvirtuada por la realidad de los hechos: "Ni vencedores, ni vencidos".

Los partidos políticos gorilas festejaban en las calles. El Comité Nacional de la UCR brindó su apoyo al gobierno militar explicitando textualmente que "la revolución triunfante por el sacrificio de soldados, marinos, aviadores y civiles unidos por su patriotismo y amor a la libertad, abre una gran esperanza".

Incluso radicales como los doctores Roque Carranza, Carlos Alconada Aramburú, y en Entre Ríos, Sergio Montiel, resultaron ser relevantes conspiradores y comandos civiles.

Mientras tanto, el Movimiento Peronista se encuentra desorganizado y lo previsible ocurre. Con la caída de Perón se produce el desbande general de los viejos dirigentes; muy pocos permanecerán en sus puestos de lucha.

Los comandos civiles atacan los locales obreros y los ocupan a punta de pistola (se interviene la CGT, se asaltan los locales partidarios y se encarcela a sus dirigentes más representativos). Pero la resistencia surgió rápida y espontánea en las bases populares indignadas por el derrocamiento de Perón, aunque sus dirigentes estaban presos, exiliados o escondidos.

Política de los "libertadores"

El nuevo gobierno "de facto" toma medidas de neto corte antipopular que tiende a sustituir el sistema de bienestar del peronismo.

El Plan Prebisch, alentado por el nuevo gobierno de facto, considera que existe una crisis económica en el país. Para salir de ella, siguiendo los lineamientos del Fondo Monetario Internacional, propone y efectiviza: fuerte incentivo a la producción agropecuaria, restablecimiento del mercado libre de cambios, acudir al crédito exterior, congelar sueldos y salarios, admitir la entrada de capital extranjero y la devaluación del peso argentino.

Consecuentemente, dispone el ingreso como país-socio al Fondo Monetario Internacional.

Pero grupos de militares cerradamente antiperonistas (llamados "gorilas") entienden que Lonardi es demasiado blando y no lleva a cabo la tarea de "desperonizar" al país con suficiente energía y lo remplazan por Aramburu.

Se deroga la Constitución de 1949

Con Aramburu comienza una etapa de mayor represión. Se disuelve el Partido Peronista y se intervienen más sindicatos. El 1º de Mayo de 1956 se vuelve a poner en vigencia a la Constitución de 1853, declarándose nulas y sin valor las reformas sociales realizadas en 1949.

En la Constitución de 1949 se habían incorporado los derechos sociales conquistados por el movimiento obrero y la legalización de los cambios económicos, especialmente la política de nacionalizaciones del comercio exterior, de los combustibles y del transporte.

Recrudece la política represiva

Paralelamente al cambio presidencial, se agudiza la represión, llevándose a la práctica decretos leyes como el 4.161, que desautoriza toda actividad peronista (se prohíbe nombrar a Perón y a Eva Perón, tener sus retratos o símbolos, cantar la marcha peronista, etc.) también se proscribe electoralmente al peronismo y se secuestran los restos mortales de Evita.

El 22 de Febrero de 1956 estalla un polvorín militar en el Gran Buenos Aires, cerca de la Av. General Paz, y se suceden diferentes atentados: comienza a hablarse de la Resistencia Peronista.

Empieza una sorda resistencia inorgánica, con tres polos de desarrollo: la fábrica, el barrio y los militares peronistas. Desde el exilio, Perón envía "directivas secretas" a los dirigentes peronistas para intentar organizar la Resistencia, menciona especialmente a la Juventud Peronista y nombra a John William Cooke su delegado personal para coordinar la Resistencia.

La resistencia peronista

El año 1956 se caracteriza por el aumento de la oposición peronista al gobierno de Aramburu, la creciente tensión social y la crisis profunda que sacude al régimen.

En el 56 comienzan a organizarse en forma embrionaria agrupaciones gremiales ligadas a jóvenes peronistas, nucleados fundamentalmente en los barrios. Estos grupos juveniles se organizarán progresivamente hasta confluir al año siguiente en la Mesa Ejecutiva de la Juventud Peronista, integrada por Gustavo Rearte, Héctor Spina, Felipe Vallese y otros. Aparecen varios periódicos ligados a ese sector (Norte, Línea Dura, etc.)

Se amplia la intransigencia

La exclusión política del peronismo, produjo un proceso de resistencia que ampliaría el perfil del justicialismo. A partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado.

El espectro político peronista se tornó muy amplio y variado. El activismo peronista opositor, con ingenio y combatividad, realizó sus intentos por la vía del levantamiento cívico-militar, acciones de resistencia por métodos encubiertos, "trabajo a tristeza", sabotajes, colocación de explosivos, paros gremiales, atentados, ataques con bombas "Molotov".

Experiencias insurreccionales

En esta etapa se realizaron alzamientos cívico-militares -la revolución del general Juan José Valle y, posteriormente, la asonada del general Iñiguez- y se probaron otras formas de lucha que incluyeron experiencias insurreccionales -la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre, encabezada por Sebastián Borro, que puso en pie de guerra al barrio de Mataderos durante una semana-, y experiencias guerrilleras rurales como fue la de los Uturuncos desarrollada en Tucumán y Santiago del Estero entre octubre de 1959 y junio de 1960.

Además, el peronismo participaba, aunque estaba proscripto, en las elecciones apoyando a otros candidatos en contra de los radicales, que eran los representantes civiles de la dictadura militar.

La conducción de Perón

La habilidad conductora de nuestro Líder, consistió en incluir dentro de su Movimiento a todos los que criticaban al sistema político-social, impulsando la organización frente a la proscripción del peronismo, y la pelea contra una dictadura que los perseguía, encarcelaba y fusilaba.

Perón combinaba todas las formas de lucha, las aprovechaba a todas, porque no confundía táctica con estrategia, ni objetivos inmediatos con objetivos fundamentales. El régimen gorila retenía el poder, pero la presencia del peronismo que lo hostigaba, lo acechaba y lo combatía, le impedía hacerlo funcionar plácidamente.

Con la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre termina la etapa del Peronismo de la Resistencia, y le sucede el Peronismo Revolucionario, cuyo nacimiento simbólico fue la toma, en 1961, de un cuartel de guardia aeronáutico en Ezeiza por parte de un grupo dirigido por el legendario Jefe de la JP, Gustavo Rearte, y donde participan "Cacho" El Kadri, "El Petiso" Spina, Carlitos Caride y Felipe Vallese, entre otros. Pero esa es otra historia.

La revolución del General Valle

En el marco de la resistencia anti-oligárquica, en junio de 1956, el General Juan José Valle organiza un alzamiento cívico-militar contra el gobierno ilegítimo para defender la soberanía popular y la justicia social, avasalladas por el gobierno militar instalado desde septiembre de 1955.

El movimiento revolucionario es infiltrado, pero no se lo reprime hasta que se manifiesta como tal. Se buscaba desde el poder dar un escarmiento total que sirviera para desalentar posibles intentos posteriores.

Tan es así, que los decretos de fusilamiento para el general Valle y sus compañeros fueron firmados antes del 9 de junio, pese a que el tribunal militar que los juzgó, los había absuelto. Así y todo se les aplicó la ley marcial retroactiva a la fecha y hora de disposición. Es de hacer notar que al rendirse el general Valle, se le garantizó salvaguardar su vida.

El escarmiento: Operación Masacre

Entre el 9 y el 12 de junio de 1956, murieron fusilados y asesinados 31 patriotas revolucionarios peronistas. En estos hechos, conocidos como "Operación Masacre", fueron ultimados, en horas de la madrugada del 10 de Junio: Mario Brión, Vicente Rodríguez, Carlos Lizaso, Nicolás Carranza y Francisco Garibotti.

El asesinato se realizó en total desorden, en un descampado que servía de basural, en José León Suárez. Los detenidos fueron bajados de los camiones, no se los hizo formar ni se armó el pelotón correspondiente y se les disparó por la espalda. El desconcierto permitió que, aunque algunos murieran, otros pudieran escapar y, en algunos casos, sin recibir ni un impacto de bala. Los que escaparon fueron los testigos de la saña y el sadismo de los represores.

El Capitán Jorge M. Costales y los civiles Osvaldo Alvedro, Dante H. Lugo, Clemente Ros y Norberto Ros, que al mando del Coronel José A. Irigoyen, pretendieron instalar en Avellaneda el comando Valle, fueron capturados y asesinados en la Unidad Regional de la Policía de Lanús en la madrugada de ese mismo día 10 de junio.

El Coronel Oscar L. Cogorno, jefe del levantamiento en La Plata, fue ejecutado en el cuartel del Regimiento 7. El Subteniente de Reserva Alberto Abadíe, herido en la refriega, es previamente curado y al anochecer del 12 de Junio, considerado apto para el pelotón, al cual se enfrentó en el Bosque. También murieron en manos de las fuerzas de represión Carlos Irigoyen, Ramón Videla y Rolando Zaneta.

El 10 de Junio, fueron juzgados en Campo de Mayo los Coroneles Alcibíades E. Cortinez y Ricardo Salomón Ibazeta, junto a cuatro oficiales subalternos: Dardo N. Cano, Eloy L. Caro, Jorge L. Noriega y Néstor M. Videla.

El tribunal resolvió que no se condene a muerte a los siete acusados, pero el Almirante Isaac Rojas ordena por decreto el fusilamiento pasando por sobre la cosa juzgada.

Al mismo tiempo fueron fusilados en la Escuela de Mecánica del Ejército los cuatro suboficiales que la habían tomado: Miguel A. Paolini, Ernesto Gareca, Isauro Costa y Luís Pugnetti.

En la Penitenciaría Nacional de la Av. Las Heras, se fusila a los tres suboficiales del Regimiento 2 de Palermo que intentaron tomarlo: Hugo E. Quiroga, Luciano I. Rojas y José M. Rodríguez.

Ese mismo 11 de Junio es ametrallado y herido de muerte frente a las instalaciones del Automóvil Club Argentino Miguel Ángel Mauriño, quien es dejado en el Hospital Fernández, donde falleció.

El 12 de Junio se entregó el General Juan José Valle, a cambio de que cese la matanza, ante la amenaza de asesinar a un detenido por día hasta su detención. Fue fusilado esa misma noche en la Penitenciaría Nacional pese a que ya se había levantado Ley Marcial.

"Se acabó la leche de la clemencia" dirá después el dirigente "socialista" Américo Ghioldi.

Terrorismo de Estado

Todas estas ejecuciones se sucedieron en menos de 72 horas, en seis lugares distintos; todas ellas estaban descalificadas por el artículo 18 de la Constitución Nacional: "...queda abolida para siempre la pena de muerte por motivos políticos..."

No hubo juicio previo, ni derecho a defensa de ningún tipo, ni ninguna posibilidad de indulto, sino que la misma madrugada del alzamiento se empezó a ejecutar gente a mansalva, sin miramientos.

En algunos casos se aplicó retroactivamente la Ley Marcial a quienes habían sido detenidos con anterioridad a su dictado, en otros se pasó por sobre la cosa juzgada, en otros no se tomó en cuenta el desistimiento de la acción armada, que hacen a la primera intimación los acusados; en otros se aplicó la Ley Marcial cuando ya no estaba en vigencia. Se trató, en definitiva, de un bárbaro asesinato, arbitrario e ilegal.

De allí nacieron muchos de los odios que perduraron en las décadas siguientes. Hubo también mucho de simbolismo en todas estas muertes "ejemplificadoras", porque allí, en los basurales de José León Suárez, comienza a distinguirse la siniestra cara de lo que luego seria el Terrorismo de Estado.

Los fusilamientos de junio de 1956 tienen tantas similitudes con la represión desatada veinte años más tarde que puede considerárselos un anticipo del genocidio y no como una simple exageración en la que incurrió un gobierno provisional "de mano dura", en una época de fuertes tensiones sociales.

Se trató, en ambos casos, de la instalación del terror como condición para impedir toda resistencia ante la reconversión económica decidida por el gran capital nacional y extranjero.

Como señala el historiador Norberto Galazo, la barbarie de las ejecuciones al margen de la ley emparenta esa tragedia de 1956 con la matanza que siguió a marzo de 1976.

En las décadas siguientes al 55, el peronismo es proscrito y perseguido por gobiernos civiles seudo-democráticos y militares que durarían hasta 1973. Ese año y en elecciones libres, el peronismo, por amplia mayoría, volvió a ser gobierno por tercera vez desde su nacimiento en 1945.

viernes, 25 de junio de 2010

“FEMINISMO”: EL PASO DE LO SUBLIME A LO RIDÍCULO




Por María Eva Duarte de Perón

"Confieso que el día que me vi ante la posibilidad del camino "feminista" me dio un poco de miedo. ¿Qué podía hacer yo, humilde mujer del pueblo, allí donde otras mujeres, más preparadas que yo, habían fracasado rotundamente? ¿Caer en el ridículo? ¿Integrar el núcleo de mujeres resentidas con la mujer y con el hombre, como ha ocurrido con innumerables líderes feministas? Ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra parte para ocupar un puesto así, que por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece, casi con exclusivo derecho, a las mujeres de ese tipo... mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres. ¡Y así orientaron los movimientos que ellas condujeron! Parecían estar dominadas por el despecho de no haber nacido hombres, más que por el orgullo de ser mujeres. Creían incluso que era una desgracia ser mujeres. Resentidas con las mujeres porque no querían dejar de serlo y resentidas con los hombres porque no las dejaban ser como ellos, las "feministas", la inmensa mayoría de las "feministas" del mundo en cuanto me es conocido, constituían una rara especie de mujer ... ¡que no me pareció nunca del todo mujer! Y yo no me sentía muy dispuesta a parecerme a ellas. Un día el General me dio la explicación que yo necesitaba. ?¿No ves que ellas han errado el camino? Quieren ser hombres. Es como si para salvar a los obreros yo los hubiese querido hacer oligarcas. Me hubiera quedado sin obreros. Y creo que no hubiese conseguido mejorar en nada mejorar a la oligarquía. ¿No ves que esa clase de "feministas" reniega de la mujer? Algunas ni siquiera se pintan... porque eso, según ellas, es propio de mujeres. ¿No ves que quieren ser hombres? Y si lo que necesita el mundo es un movimiento político y social de mujeres... ¡qué poco va a ganar el mundo si las mujeres quieren salvarlo imitándonos a los hombres! Nosotros ya hemos hecho, solos, demasiadas cosas raras y hemos embrollado todo, de tal manera, que no sé si se podrá arreglar de nuevo el mundo. Tal vez la mujer pueda salvarnos a condición de que no nos imite." Yo recuerdo bien aquella lección del general. Nunca me pareció tan claro y tan luminoso su pensamiento. Eso era lo que yo sentía. Sentía que el movimiento femenino en mi país y en todo el mundo tenía que cumplir una misión sublime... y todo cuanto yo conocía del feminismo me parecía ridículo. Es que, no conducido por mujeres sino por "eso" que aspirando a ser hombre, dejaba de ser mujer, ¡y no era nada!, el feminismo había pasado de lo sublime a lo ridículo. ¡Y ése es el paso que trato de no dar jamás!"

 (María Eva Duarte de Perón, LA RAZÓN DE MI VIDA -dictado en 1951-, Cap. XLVIII)

Testimonios de Madres

[http://www.madresfundadoras.org.ar/pagina/testimoniosdemadres/71]
Aurora Morea
Buenos Aires, 26 de abril de 1995.

Yo, Aurora Morea, deseo hacer conocer lo siguiente en relación a la desaparición de mi hija Susana Elena Pedrini.

¿Cuánta angustia, desesperación y torturas han sufrido seres inocentes? ¿Por cuánto tiempo? ¿Cómo los han matado? ¿Cómo y cuándo?

Son preguntas que me hago continuamente, que revivo después de diecinueve años como el primer día.

1)- El día 27 de julio de 1976 a las 01:30 hs., doce personas armadas autoidentificadas como integrantes de las fuerzas conjuntas, concurrieron al domicilio de la señora Cecilia Podolsky viuda de Bronzel (Chile 862 P2 Dto. A)

2)- El grupo obligó a la señora a llevarlos donde su hijo: José Bronzel, arquitecto, que vivía con su esposa Susana Elena Pedrini, arquitecta, en la calle Grecia 4474 P7 Dto. C, Capital Federal.

3)- El matrimonio Bronzel – Pedrini y la viuda de Bronzel fueron conducidos con destino desconocido.

4)- Desde el 27/7/76, José Bronzel de 29 años, Susana Elena Pedrini de 29 años y Cecilia Bronzel de 51 años se encuentran desaparecidos.

5)- Mi hija y mi yerno, que desarrollaban una intensa actividad profesional y vivían normalmente, no eran terroristas ni corruptos. Lo mismo mi consuegra, que era una mujer alejada de cualquier interés político. Por otra parte, no han sido nunca acusados ante ningún tribunal civil o militar por delito alguno. En consecuencia, no están sujetos a proceso alguno ni han sido condenados. En esas condiciones, solo pueden ser calificados de presos políticos, ya que el Estado los mantiene ocultos sin acusarlos ni procesarlos y sin hacer saber cuáles son los delitos de los que se los acusa.

6)- En mayo de 1985 me entrevisté, en el ámbito de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, con la señora Gina Yankilevich, quien fue secuestrada el 29/7/76. Ella vio con vida a mi hija Susana y conversó con ella en dependencias de la ex Coordinación Federal de la Policía Federal durante dos semanas, hasta que la señora Yankilevich fuera liberada.

7)- En una de las tantas entrevistas que logré obtener buscando a mi hija, fui recibida por el coronel Roualdes del Regimiento 1º Cuerpo del Ejército. Al mencionarle las señas de mi yerno, exclamó despectivamente: "¡Ah! ¡Arquitecto y judío!", dándome a entender que era motivo suficiente para su desaparición.

En otra oportunidad fui recibida por Monseñor Araceli quien, al explicarle la situación me dijo que podía estar pasando cualquiera de las siguientes cosas:

a)- Estaban cooperando.
b)- Se fueron del país.
c)- Los habían matado.
Que yo eligiera.

Por todo esto y en nombre de la verdad, que es la única que nos puede devolver la salud, pido, suplico a quien los hallan visto o estado con ellos, que me diga cuál fue su fin y qué hicieron con sus cuerpos.

Aurora Morea
D.N.I 0078540

Carmen Lorefice

Soy una Madre de Plaza de Mayo Línea fundadora. Voy a detallar los momentos más terribles que en la vida me tocó vivir, como es la tremenda pérdida de un hijo. Los momentos más crueles que una madre nunca podrá sobrellevar, ni olvidar. La angustia sumada al llanto cuando me enteré que mi querido hijo había desaparecido. No entendía nada, hasta que me despierto a la realidad.

Entonces, empezó mi lucha. Fue un 31 de julio de 1976 cuando se lo llevaron, nunca supe cómo ni de dónde. Empezaron los habeas corpus en Capital y provincia. Nunca hubo una contestación. Recurrí a las iglesias donde todos mentían siendo cómplices de la dictadura.

Comenzó mi locura por no tener ninguna noticia. Y los días, los meses y los años pasaban, pero mi corazón de madre siempre me decía: "Ya va a aparecer".

Fui a Coordinación Federal infinidad de veces, a Campo de Mayo, a la cárcel de Devoto. Me acuerdo que un día estando ahí corrí, detrás de un camión celular que pasó, gritando: "¡Ahí está mi hijo!".

Luego vino la Plaza de Mayo. De la mano de Azucena Villaflor empezamos a dar vueltas. Estábamos en plena dictadura, así que nos corrían los soldados con sus espadas empujándonos para que nos retiremos. Un día de esos, que con sus bayonetas me empujaron, fue tanta la impotencia que sentí que me di vuelta y le dije: "A mi no me toques hijo de puta, a mi hijo se lo llevaron y quiero saber dónde está".

Todos los jueves igual, la marcha alrededor de la plaza. La marcha del 24 de marzo, día que asumía la maldita dictadura. Cada año que pasa, las esperanzas se diluyen. Las Madres seguimos sin parar, gracias a Dios, que nos da la fuerza necesaria para seguir adelante. No vamos a bajar los brazos, seguiremos luchando hasta ver en cárceles comunes con cadena perpetua a los responsables de los 30.000 desaparecidos.

Han pasado muchos años y todas las Madres estamos con mucha edad, pero mas juntas que nunca vamos a las escuelas, cárceles, hospitales, a dar charlas cuando es necesario; no nos quedamos quietas.

A mí personalmente, y a pesar del tiempo transcurrido, siempre me invade esa angustia de madre que le falta su hijo. Ese hijo que era el orgullo de su mamá, que a los 23 años ya era analista de métodos y sistemas. Estaba casado y tenía dos hijos, era todo amor y ternura. Esa es mi angustia. Había hecho el secundario en el Colegio Nacional Buenos Aires y tenía 29 años. Espero que antes que el Señor me lleve, pueda ver a todos los genocidas como lo dije antes.

Carmen Lorefice
10 de junio de 2009